La llegada a la tierra de los canguros está llena de magia, cada persona aterriza, junto a las tres o cuatro maletas, con un motón de sueños, me atrevo a decir que un poco más que los que llevaban amigos y familiares cuando salieron tras el sueño americano. Australia es, en verdad, un país de oportunidades, eso sí depende del punto de vista del pasajero, como bien lo dice el maestro Rubén Blades.
Cuando puse mi primer pie en ‘Aussie’ tuve un conflicto de sentimientos. Pasaron por mi mente la satisfacción por haber cumplido, parcialmente, mi meta de atravesar medio mundo; el cansancio acumulado después de un viaje de 15 horas; la incertidumbre de no saber a lo que me enfrentaba; el dejar mi trabajo, mis amigos y a mi familia; y claro, el echar ojo a las maletas, pues uno nunca sabe.