
Después de haber recorrido algunos lugares de Lima, el siguiente destino era Cuzco, el que fue, en su época, el centro administrativo del Valle Sagrado de los Incas. Aquí ya nos acercábamos más nuestro objetivo principal. La recomendación del propietario del hostal fue la de viajar en “Cruz del Sur”, una línea de buses muy segura y adecuada para lo que nosotros queríamos. El boleto de viaje 0827268, que costó 135 nuevos soles, fue el pase de salida para buscar la ciudad mágica.
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Esta es una bella imagen de la magica ciudad de Cusco en Peru. Es un lugar que transporta a todos los visitantes y los llena de una nueva energia, pues es el epicentro del Valle Sagrado de los Incas.
En la pequeña ciudad de Pisac, a una hora de Cusco, se encuentran las ruinas que llevan su mismo nombre. Son miles de piedras que revelan como habitaban los Incas. Es un lugar que destaca la forma en que sus habitantes construian sus casas y la manera en que enterraban a sus muertos.
Son muchos escalones que llevan a lo mas alto de estas montanas, para el encuentro con el sol, la luna y los dioses.
Es, si lugar a dudas, un silencioso encuentro con el pasado.
No hay palabras para definir lo que siente al estar en esta joya arquitectonica de la humanidad. Machu Picchu es en leguaje quechua la ciudad vieja de los incas y para los viajeros es el reencuentro con el pasado. Pero para los latinoamericanos es el volver a renovar el espiritu y salir con una nueva energia.
Definitivamente, este lugar sagrado es magico y puede ser una forma de ver como es de importante dejar una huella para el futuro.
Mas adelante les contaré otros detalles de Machu Picchu, no lo que dicen los libros ni internet, sino mis apreciaciones despues de haber caminado cuatro dias en el Inca Trail (camino inca) para llegar a esta ciudad.

El haber logrado llegar a todos los campamentos del Camino Inca es una valiosa hazaña para cualquier turista. Pero uno de los momentos más inolvidables es la ultima cena, que así como lo hizo Jesús con sus 12 apóstoles, nuestro equipo también tuvo ese espacio de reflexión y compañía final.

Los colombianos siempre se han caracterizado por su alegría, y más cuando en recientes estudios se certificó que son las personas más felices de América Latina.

Antes de salir, el Instituto Nacional de Cultura del Perú tiene el primer puesto de control denominado Piscacucho. Las autoridades verifican que las agencias lleven todos los papeles en regla, al igual que los turistas. Luego se pasa un puente colgante sobre el río Urubamba y se inicia oficialmente la caminata.

La preparación para el Camino Inca comenzó con las recomendaciones de las ecuatorianas, quienes nos regalaron unas barras de cereal, agua y repelente, elementos que al final no necesitamos. Como fue tanta la expectativa y la precaución que se sembró en nosotros con este viaje, Marten y yo fuimos de shopping para estar bien equipados en el camino.

El segundo acercamiento a un verdadero valor aproximado de lo que le puede costar a un turista llegar a Machu Picchu por el Camino Inca fue en el hostal K'usillu's Backpackers, en Miraflores.
La casa tenía varios pasillos y a cada lado quedaban las habitaciones. Se podían encontrar cuartos sencillos, con baño privado y dormitorios. Estos últimos se caracterizaban por tener de cuatro camas en adelante. Nosotros tomamos esta opción. Habitación 303.
Cuando llegamos, lo mejor del lugar fue el encuentro con Andrea y Karina, dos hermosas mujeres ecuatorianas que, para nuestra satisfacción, acababan de llegar del Camino Inca. Vale la pena destacar que los colombianos siempre hemos tenido la impresión de que las mujeres de este país hermano no se caracterizan por la hermosura y sencillez que tienen, por ejemplo, las bogotanas, las caleñas y las paisas, entre otras.

Desde los ocho años, cuando por accidente de mi vida, mi adorada Madre me llevó a formar parte de la Asociación Scouts de Colombia, me di cuenta que tenía un espíritu aventurero en formación. Esta cita con los “niños exploradores” me llevó a recorrer los más recónditos rincones colombianos por más de 20 años, en los que caminé, corrí, salté, caí y hasta volé por muchos lugares.
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